Historia de la ciencia política

De acuerdo con los registros con que contamos, los primeros análisis conocidos sobre política datan de la antigua Grecia y la civilización India. Aunque, entendida en sentido estricto, la politología es una ciencia social bastante reciente, lo cierto es que los estudios sobre fenómenos políticos como la ética, la filosofía política, la historia y la economía política son muy antiguos.

Ya en el Rigveda indio, que data del 1400 a.C., se reflexiona sobre hechos políticos. El hindú Chanakia Pandit es considerado como el pensador político y económico más antiguo del que se tenga registro.

En Occidente, la filosofía política tiene sus raíces en la civilización griega, propiamente de la mano de Platón y Aristóteles. Ya en la antigua Roma encontramos historiadores más dedicados a la política como área de estudio, tales como Polibio, Cicerón, Tito Livio y Plutarco. Incluso Julio César y otros mandatarios contribuyeron al estudio de la política con sus referencias y explicaciones.

El polímata persa Avicena se dedicó también al tema, junto a otros musulmanes como los andalusíes Averroes y Maimónides, quienes continuaron la tradición analítica aristotélica.

Durante el Renacimiento el estudio de esta disciplina floreció con autores como Nicolás Maquiavelo, con su famosa obra «El Príncipe». Pero no fue sino hasta la modernidad que la politología nació como ciencia.

La guerra en Siria

Desde el año 2011, el mundo ha asistido con conmoción al desarrollo de un cruel enfrentamiento civil armado en Siria, con la posterior intervención de potencias foráneas.

El actual mandatario del país, Bashar al Asad, fue elegido en 2000. Su mandato empeoró las ya lamentables condiciones socio-económicas de la población siria, aumentando la desigualdad, el desempleo y la pobreza. La población resentía, además, que Al Asad había incumplido sus promesas de adelantar reformas democráticas en el país. Por si fuera poco, una cruel sequía asoló al país, y los sucesos de la Primavera Árabe en otros países de la región terminaron por exacerbar a la población.

El pueblo sirio comenzó a realizar protestas multitudinarias pidiendo libertades civiles, mejoras económicas y lucha contra la corrupción, llegando a quemar edificios identificados con el partido gobernante. Las protestas fueron atacadas por el ejército. Ante estos ataques, la población se armó para combatir a los militares afectos al gobierno. Militares desertores conformaron ejércitos paralelos buscando salvaguardar la integridad de la población.

El conflicto aumentó su complejidad con la participación de diversas milicias, como los combatientes kurdos. Una importante cantidad de rebeldes terminaron enlistados en el temible Estado Islámico, que pasó a controlar extensas zonas del país, con tal de hacer frente al gobierno sirio. En tanto, Bashar al Asad se defendía con las fuerzas del ejército y la participación del Hezbollá iraní en la guerra.

Para 2014, el gobierno sirio convocó elecciones presidenciales en las áreas que controlaba, invitando a observadores de países afectos al régimen para que atestiguaran la legalidad del proceso. Resultó electo de nuevo Al Asad, con casi el 90% de los votos. Estados Unidos, la Unión Europea y el Consejo de Cooperación del Golfo calificaron el proceso como una farsa. En cerca del 60% del territorio no se celebraron las elecciones, por estar controladas por los rebeldes.

La rápida extensión del grupo terrorista Estado Islámico en la región encendió las alarmas de las potencias extranjeras, que terminaron involucrándose en el conflicto. Estados Unidos, junto con Francia, bombardeó posiciones del grupo terrorista entre 2014 y 2015, además de apoyar financiera y logísticamente a los rebeldes. Rusia entró al conflicto poco después, pero atacando a los rebeldes y al Estado Islámico por igual, en defensa del gobierno sirio.

Otros países, como Turquía e Israel, también se vieron directamente involucrados en la guerra civil siria, pues buscaban prevenir ataques de los grupos armados a su territorio. Con la casi total eliminación del Estado Islámico, Occidente redujo su participación en el conflicto, y el gobierno de Bashar Al Asad terminó por imponerse en el territorio, para satisfacción de Rusia.

Conflicto entre Venezuela y Guyana

El conflicto territorial más antiguo del continente americano es el que aún existe entre Venezuela y Guyana. Venezuela le reclama a Guyana todo el territorio al oeste del río Esequibo, una zona que Venezuela administraba desde tiempos coloniales. En aquella época, al este del río Esequibo estaban las colonias holandesas de Demerara, Berbice y Esequibo (actuales Surinam y Guyana); mientras que al oeste del río empezaba el territorio colonial español hoy conocido como Venezuela.

En 1814, Holanda le cedió a Gran Bretaña su colonia del Esequibo, que para ese entonces y de acuerdo con documentos de la época contaba con unas 20.000 millas cuadradas de extensión, equivalentes al territorio actual de Guyana al este del río Esequibo. Gran Bretaña, sin embargo, prontamente estimuló la colonización de su nuevo territorio más allá del río, lo cual fue protestado repetidamente tanto por las autoridades coloniales españolas como por los sucesivos gobiernos de la Venezuela ya independiente. Los británicos hicieron caso omiso de las protestas, hasta que Venezuela se vio obligada a romper relaciones diplomáticas con dicho país en 1887.

Al ser un país débil y sin posibilidades de enfrentar al imperio británico, Venezuela solicitó la ayuda de los Estados Unidos. Durante varios años, los gobiernos norteamericanos instaron a Gran Bretaña a aceptar un arbitraje, pero los ingleses se negaron obstinadamente, mientras que seguían estimulando la colonización y explotación del territorio en disputa. Finalmente, Estados Unidos amenazó a Gran Bretaña con el uso de la fuerza para que aceptara ir a arbitraje. Los ingleses aceptaron acudir al arbitraje en 1897.

El tribunal de arbitraje emitió su sentencia en 1899, pero dicha sentencia contenía varios vicios que evidenciaron su carácter espurio. Los jueces no siguieron los principios requeridos por el tratado de arbitraje, se excedieron en sus competencias al establecer fronteras con terceros países, y la sentencia carecía de motivación y de argumentos apegados al derecho. Venezuela protestó el resultado del arbitraje, pero fue compelida a delimitar la frontera establecida, so pena de ser agredida militarmente por Gran Bretaña.

Los gobiernos venezolanos, sin embargo, nunca aceptaron realmente la frontera. Décadas después comenzaron a aparecer testimonios que evidenciaban que el arbitraje había sido fruto de un arreglo entre las potencias de la época, y no una sentencia apegada al derecho. Con estas bases Venezuela denunció ante las Naciones Unidas en 1945 y 1962 dicha línea limítrofe, y exigió la renegociación de su frontera con la entonces Guayana Británica.

Ante este escenario, en 1966 los gobiernos de Venezuela, Reino Unido y Guayana Británica firmaron el Acuerdo de Ginebra, que estipula que las partes deben «buscar soluciones satisfactorias para el arreglo práctico» del conflicto. El preámbulo del acuerdo establece también que la controversia debe «ser amistosamente resuelta en forma que resulte aceptable para ambas partes».

En los últimos años, Guyana ha insistido en resolver la controversia por vía judicial, pero Venezuela se ha negado a ello basándose en que el espíritu del Acuerdo de Ginebra obliga a llegar a un arreglo práctico que ambas partes consideren aceptable, cosa que no sería posible alcanzar dejando que un tercero resuelva el asunto.

Temas actuales de política internacional

Si bien en términos generales la política internacional sigue estando dominada por temas que ya eran determinantes en el siglo pasado, tales como la necesidad de salvaguardar la paz global o la procura del desarrollo de los países menos favorecidos, ya estamos a punto de entrar en la tercera década del siglo XXI, y nuevos temas han comenzado a preocupar a los actores internacionales.

Entre esos importantes temas están la seguridad informática y cibernética, así como los cambios tecnológicos que están modificando sustancialmente la estructura económica mundial. Además, se evidencia una mayor preocupación por problemáticas como el terrorismo, la legitimación de capitales, y la necesidad de hacer más transparentes los sistemas financieros a escala global, combatiendo la opacidad de los paraísos fiscales.

Los problemas derivados de la multiculturalidad, la inmigración, y la convivencia de civilizaciones muy distintas, también se hacen cada vez más presentes como asuntos a tratar, al igual que el cada vez mayor uso de la desinformación como arma política a nivel internacional, el riesgo que presentan los estados fallidos, y la precaria situación de los estados de bienestar en países como España, Francia o Japón.

La política internacional

Podemos definir la política internacional como la compleja trama de relaciones que se producen entre países, territorios, autoridades y organizaciones de ámbito regional o internacional. Aunque en el mundo contemporáneo el Derecho Internacional busca regular estas relaciones, lo cierto es que la complejidad de la política internacional frecuentemente escapa al marco normativo del Derecho.

Si bien los Estados normalmente se rigen por leyes, tratados, convenciones y costumbres reconocidos a nivel global, en el escenario internacional convergen no sólo Estados, sino también organizaciones delictivas (incluso algunas terroristas), movimientos insurgentes, activistas de diversa índole, organizaciones no gubernamentales y, sobre todo, intereses económicos y corporativos que desafían ampliamente los límites del Derecho.

La política internacional se maneja tanto a nivel bilateral como multilateral. Las relaciones a nivel bilateral son las que mantienen dos Estados entre sí, en el marco de sus competencias soberanas. En cambio, las relaciones a nivel multilateral incluyen comunidades de países, agrupados en función de su proximidad geográfica o intereses comunes. La Organización de las Naciones Unidas (ONU), surgida tras la Segunda Guerra Mundial y con sedes principales en Nueva York (Estados Unidos) y Ginebra (Suiza), es actualmente la mayor organización multilateral del mundo.

El carácter multidimensional de la política internacional encuentra su explicación en la multiplicidad de factores que intervienen en los intereses nacionales, así como en la configuración de las políticas exteriores de cada país. De este modo, en la política internacional confluyen importantes intereses económicos, geopolíticos, militares, territoriales y de seguridad. La política interna de cada país juega asimismo un rol fundamental en la conducción de su política exterior. Así las cosas, frecuentemente la política exterior no es más que un reflejo de los vaivenes de la política interna, si bien cada país tiene intereses geoestratégicos, económicos y de seguridad que apuntalan sus principios de política exterior más allá de los cambios políticos internos de rutina.

Igualmente, la política internacional puede ser correctamente entendida como la mejor herramienta para fomentar, construir y preservar la paz mundial. Siendo que la política se basa en el diálogo, la concertación y el arreglo amistoso de las diferencias entre naciones, constituye el primer y más importante paso para resolver los conflictos internacionales. Aunque las cortes y tribunales internacionales también juegan un papel importante en este sentido, las soluciones de mutuo acuerdo suelen tener preferencia, por garantizar resultados más satisfactorios y duraderos.

Los funcionarios encargados de la política exterior e internacional de cada país son conocidos como ‘diplomáticos’. En cada país, el principal diplomático es el titular del Ministerio de Relaciones Exteriores, también conocido como Canciller o Secretario de Estado. Los Jefes de Estado o de Gobierno de cada país también cumplen la función de dirigir y orientar la política exterior e internacional.

La política internacional es una disciplina compleja, multifactorial y multidimensional, pero muy interesante.

Principales actores en la política internacional

Se entienden como actores de la política internacional a aquellas personalidades, organizaciones o grupos sociales que cuentan con la capacidad de interactuar, influir, y comunicarse eficazmente y de forma significativa con naciones, personalidades o grupos de interés a nivel internacional.

Así las cosas, los actores internacionales no están predeterminados ni se corresponden exclusivamente con los diplomáticos, los políticos o los Jefes de Estado. Cualquier personalidad o grupo con influencia en la política internacional puede convertirse en un actor reconocido y de importancia, dependiendo de las coyunturas, intereses y necesidades que afloren dentro de la comunidad internacional.

Por ejemplo, la joven pakistaní Malala Yousafzai se convirtió en una influyente voz a nivel internacional, al erigirse en símbolo de la opresión que ejerce el régimen talibán en Pakistán y Afganistán. La joven recibió el Premio Nobel de la Paz en 2014 y ha recorrido todo el mundo llevando su mensaje de activismo en favor de los derechos civiles, y más específicamente en favor del derecho de las mujeres a la educación.

No obstante, de forma más rutinaria y estricta, los actores internacionales típicos son los Estados (a través de sus diplomáticos y jefes de gobierno), las organizaciones intergubernamentales, las organizaciones no gubernamentales, las empresas transnacionales y las fuerzas transnacionales. Veamos cada uno con más detalle.

  • Estados: son los únicos que cuentan con soberanía e independencia dentro del territorio que controlan, y son la base fundamental del Derecho y la política internacional.
  • Organizaciones Intergubernamentales: instituciones conformadas por decisión de dos o más Estados soberanos con el fin de desarrollar funciones y actividades de interés común. Sólo cuentan con las potestades, atribuciones y poderes que los Estados participantes les hayan conferido.
  • Organizaciones no gubernamentales: grupos estructurados de activistas privados que se conforman para promover y velar por diversas causas, como los derechos civiles, la defensa del medio ambiente, la paz mundial, etcétera. Suelen cumplir importantes y muy útiles funciones de información, control, investigación y denuncia, aunque sus actuaciones o disposiciones no tienen carácter vinculante.
  • Empresas transnacionales: corporaciones privadas que operan en dos o más países y que, al contar con un mando unificado a nivel mundial, buscan proteger sus intereses comerciales y maximizar sus beneficios ejerciendo influencia sobre los gobiernos nacionales.
  • Cuerpos insurgentes: organizaciones conformadas por participantes de origen diverso, y que pueden operar en territorio de uno o más Estados al margen del Derecho internacional. Suelen ser ejércitos de liberación, como el Frente Polisario, milicianos, o incluso organizaciones calificadas como terroristas, que ejercen una influencia significativa en el contexto internacional.

China y Taiwán

Aunque todos en algún momento hemos leído la etiqueta «Hecho en Taiwán», no muchas personas saben que Taiwán en realidad no es un país miembro de las Naciones Unidas y, para la mayoría de los países del mundo, no es legalmente un país soberano e independiente. China considera a Taiwan como una «provincia rebelde», la cual debe ser reintegrada a su territorio.

La controversia data de la época de la Revolución Maoísta. En 1927 comenzó la sublevación de los comunistas chinos contra el gobierno de dicho país. La guerra civil fue ganada por los comunistas, que ocuparon progresivamente todo el territorio de la China continental. Sin embargo, en 1949 las autoridades y combatientes que quedaron del gobierno depuesto se trasladaron a la isla de Taiwán, donde establecieron un gobierno que acusó a los comunistas de usurpadores y se mantuvo reclamando la restitución del gobierno legítimo.

El conflicto tomó un carácter internacional cuando las potencias occidentales, con Estados Unidos a la cabeza, reconocieron al gobierno de Taiwán y le ofrecieron asistencia económica y militar. Aunque en 1979 Estados Unidos pasó a reconocer formalmente al gobierno comunista de China continental como el verdadero gobierno chino, al mismo tiempo se comprometió a defender a Taiwán, y hasta el día de hoy sigue apoyando la autodeterminación de los taiwaneses.

Actualmente solo 17 países reconocen a Taiwán como la verdadera República de China. Hoy en día la mayor diferencia entre China y Taiwán es que esta última es una nación democrática y abiertamente capitalista. Después de tantas décadas de independencia fáctica, los taiwaneses no desean ser parte de China, y simplemente prefieren que las cosas sigan como están.

China, en tanto, sigue reclamando a Taiwán como parte de su territorio.

Trump y la guerra comercial: ¿Riesgo para Apple?

Ya desde los tiempos de su campaña presidencial, el magnate estadounidense Donald Trump se refirió a la amenaza que representa el acelerado crecimiento económico de China para la economía y la preponderancia de los Estados Unidos. De acuerdo con los señalamientos de Trump, el gobierno chino ha desarrollado una agresiva política comercial que ha aprovechado los descuidos de las sucesivas administraciones norteamericanas, sacando partido de una política comercial y aduanera miope.

Trump acusó a los gobernantes chinos de hacer crecer la economía del gigante asiático a costa de la destrucción de empleos en Norteamérica, lo que supuestamente han llevado a cabo de forma bien planificada, aprovechando la ventajosa tasa de cambio entre el yuan chino y el dólar estadounidense. También refirió que el gobierno chino promueve el robo de tecnología y patentes pertenecientes a empresas estadounidenses, así como el dumping comercial, ofreciendo a las empresas mano de obra excesivamente barata, impuestos irrisorios y nulas leyes de protección al medio ambiente.

Recientemente, autoridades canadienses retuvieron a la millonaria china Meng Wanzhou, directora financiera de la reconocida transnacional Huawei, gigante de las telecomunicaciones. Los juzgados estadounidenses están buscando llevar a Meng a juicio, acusándola de violar las sanciones que Washington había impuesto sobre el régimen iraní. Huawei, en tanto, rechaza dichas acusaciones.

La respuesta de las autoridades chinas ante la detención de la ejecutiva no se hizo esperar. El régimen de Pekín ha detenido a una serie de ciudadanos canadienses, e incluso sentenció a muerte a Robert Lloyd Schellenberg, canadiense acusado de tráfico de drogas.

El gobierno canadiense ya inició el procedimiento para extraditar a Meng Wanzhou a los Estados Unidos, donde sería juzgada. Pekín catalogó el hecho como una grave violación a los derechos de la ciudadana china. El episodio es una muestra más de la tensa relación entre Washington y el régimen chino. Ambos países se han impuesto diversos aranceles sobre sus productos. Sin embargo, las conversaciones entre ambos gobiernos para poner fin a la guerra comercial ya ha tenido «importantes avances», de acuerdo con lo declarado por la Casa Blanca en un comunicado.

Con la guerra comercial, la economía china ha comenzado a mostrar síntomas de ralentización, lo que no deja de preocupar al país asiático. Tras el varapalo que se han llevado los intereses chinos con la detención de Meng, no es descabellado pensar que Pekín podría imponer aranceles importantes a la importación de ciertos productos tecnológicos estadounidenses. Apple, que es el equivalente norteamericano de Huawei, podría empezar a tener problemas para funcionar adecuadamente en el gigantesco y sustancioso mercado asiático. Esta situación podría comprometer la producción y venta de sus productos bandera, como la Macbook pro, incluso en versiones de reacondicionado, lo que preocupa a los representantes de la marca.

Las firmas tecnológicas chinas han sido acusadas por las autoridades norteamericanas de robar tecnología estadounidense, e incluso de servir de medio para espiar a sus ciudadanos y altos cargos. Sólo el tiempo dirá en qué va a parar esta cruda guerra comercial entre las dos potencias mundiales.

El conflicto por Gibraltar

España mantiene un diferendo territorial con Gran Bretaña respecto al Peñón de Gibraltar. En el marco de la Guerra de Sucesión Española (1709-1714), los británicos ocuparon Gibraltar, y mediante el tratado que puso fin a la guerra, España le reconoció a los ingleses la propiedad «de la ciudad y castillo de Gibraltar» a perpetuidad. Sin embargo, el mismo tratado estableció que la cesión no suponía «jurisdicción territorial alguna».

Los españoles, los británicos y los habitantes de Gibraltar mantienen posiciones encontradas respecto al tema. Los británicos hacen valer su posesión del territorio de acuerdo con lo previsto en el tratado firmado en 1714, pero los españoles reclaman que Gibraltar es una colonia, lo cual es apoyado por diversas resoluciones de la ONU que se adoptaron en la década de 1960. Gran Bretaña, en cambio, insiste en que Gibraltar es un territorio con autodeterminación.

El tratado establece que, en caso de que Gran Bretaña vaya a desprenderse del territorio, deberá ofrecérselo en primer lugar a España antes que a cualquier otro. Esto es esgrimido por los españoles como base para la restitución del territorio en caso de que los británicos planteen otorgarle alguna forma de independencia. La construcción en Gibraltar del aeropuerto y de terrenos ganados al mar ha contribuido a encender aún más el conflicto.

¿Qué es la ciencia política?

La ciencia política, también conocida como politología, es una disciplina de las ciencias sociales que tiene como objetivo estudiar, analizar, entender y explicar la teoría y práctica políticas, las relaciones de poder entre los individuos y grupos de una sociedad determinada o de un conjunto de estados.

El italiano Norberto Bobbio, uno de los politólogos más renombrados, separó lo que llamo «ciencias políticas» en un sentido amplio, de la «ciencia política» en un sentido estricto. La primera incluye todos los estudios y explicaciones de los fenómenos políticos desde la más remota antigüedad, por lo que abarca a la filosofía o pensamiento político. El segundo concepto, en cambio, se refiere a la politología como ciencia moderna, la cual busca explicar las conductas y realidades políticas en base a principios estrictamente científicos.

Las ciencias políticas estudian un amplio abanico de fenómenos sociales en los que el poder está presente. Cabe señalar temas como las características y posibilidades de obtención del poder político; la autoridad y legitimidad de los gobiernos, el estudio de la opinión pública, la comunicación política y el mercadeo político en aras de la preservación u obtención del poder; la administración y las políticas públicas, y las relaciones internacionales, entre muchos otros fenómenos.

Para adelantar sus estudios, la ciencia política puede hacer uso de variados métodos, como el experimental, el estadístico, el histórico, el comparado y el análisis de casos. Las investigaciones politológicas permiten prever escenarios, asesorar en la toma de decisiones, anticiparse a las crisis para evitar su profundización, y mejorar las probabilidades de solución, así como elaborar planes de mediano y largo plazo para gobiernos y otras instituciones con poder de decisión.